

El debate que dominó Silicon Valley en 2025 llegó con fuerza a las conversaciones de IC en LatAm: ¿la IA está matando al SaaS?
Los números cuentan una historia incómoda. Desde principios de año, las acciones de software han perdido más de un billón de dólares en capitalización de mercado en lo que ya se conoce como el “SaaSpocalypse”, impulsado por el temor de que los agentes de IA puedan ejecutar flujos enteros que antes requerían múltiples suscripciones SaaS. Del otro lado, la IA capturará probablemente más del 60% de los dólares de VC en software durante 2026.
El mensaje de Jai Das, inversionista reconocido, presidente y cofundador de Sapphire Ventures: “Si eres un founder buscando Series A, espero que no seas una compañía puramente SaaS”.
Durante años, el moat en SaaS se construía sobre integraciones, UI pulida y switching costs. Hoy eso ya no alcanza. Lo que antes tomaba a un equipo de ingenieros entre 2 y 6 semanas, en 2026 se construye en horas con herramientas como Cursor, v0 o Claude. Si un hacker puede replicar tu producto un fin de semana, tu feature list no es tu moat.
¿Qué sí defiende a una compañía en este ciclo? Tres frentes que los fondos están premiando:
Existe el riesgo de sobrepagar por compañías que hoy lucen especiales, pero que en un año pueden volverse genéricas o ser replicadas por herramientas de coding de IA.
Para un fondo en etapa temprana, esto obliga a hacernos una pregunta cada vez que revisamos una empresa: si los modelos fundacionales de AI mejoran en los próximos meses, ¿el moat de esta compañía se fortalece o se debilita?
La región no está aislada. En mercados como México, donde gran parte del SaaS local aún resuelve problemas de digitalización básica, la ventana para construir moats defendibles sigue abierta, pero se está cerrando.
Los founders que ganen serán los que combinen conocimiento profundo de una vertical, data que se acumula con el uso, y disciplina para no competir en features.
El SaaS no murió. Pero el que sobreviva va a verse muy distinto al que conocimos.
Por: Juan Pablo Marichi