Una de las decisiones más complejas que enfrentan los fundadores de startups es cómo equilibrar dos objetivos que parecen competir entre ellos: el crecimiento en ingresos y la rentabilidad operativa.
En ciclos anteriores, especialmente entre 2015 y 2021, la presión por crecer lo más rápido posible (a veces a toda costa) dominaba el panorama. Tener ingresos exponenciales, aunque fueran acompañados de pérdidas operativas, era sinónimo de una startup en crecimiento, justo lo que querían los inversionistas. Pero las condiciones han cambiado: el capital es más escaso, las rondas de financiamiento tardan más y la disciplina financiera ha recuperado protagonismo.
Según datos recientes de Crunchbase, en 2024 el tiempo medio entre rondas se extendió a unos 28 meses —el mayor desde 2012— y el promedio alcanzó los 31 meses, similar al de 2023. Además, en América Latina, el primer trimestre de 2025 registró cerca de USD$800M en inversión, esto representa una caída del 35% con respecto al trimestre previo
Este entorno genera una mayor presión sobre el runway de caja. Las startups ya no pueden depender de rondas breves —12 a 18 meses— sino que deben gestionar recursos pensando en periodos de 24 a 30 meses sin nuevo financiamiento.
Para los founders esto implica operar con mayor eficiencia y cuestionar el modelo de crecimiento:
Los equipos más preparados son aquellos que pueden tomar decisiones estratégicas difíciles: posponer contrataciones, optimizar adquisición de usuarios y priorizar métricas que impacten el flujo de efectivo.
No es necesario elegir entre crecimiento o rentabilidad. Las empresas más sólidas combinan ambos, aplicando una mentalidad de equilibrio:
La clave es la claridad estratégica: entender cómo cada peso invertido en crecimiento impacta en el negocio y su sostenibilidad.
Un fenómeno menos mencionado en este debate es como frenar ingresos puede afectar qué tan atractiva se vuelve una empresa para la salida, ya que muchos compradores e inversionistas aún valoran el potencial de escala y las métricas de crecimiento.
Una empresa rentable, pero con crecimiento moderado puede quedar fuera del radar de compradores o fondos de crecimiento que buscan plataformas con expansión clara y continua.
En este contexto, las startups que cuentan con unit economics sanos y flexibilidad operativa tienen una ventaja clave: pueden demostrar que tienen la capacidad de crecer cuando el contexto lo permite y al mismo tiempo sostenerse cuando el capital escasea. Esa combinación —resiliencia financiera con potencial de escala— es precisamente lo que vuelve a una empresa atractiva para una eventual salida.